¿Qué tienen la yareta y las ballenas en común?

La yareta o Azorella compacta es un arbusto perenne muy compacto que habita el desierto andino sobre 3500 msnm. La planta es muy longeva y crece extremadamente lento. Algunos indican 1,5 mm por año mientras otros hablan de 1,5 cm anuales. Desde la distancia parecen cojines verdes, pero desde cerca son duros y leñosos. La yareta, también llareta, es considerada vulnerable y en peligro de extinción.

Arbustos de yareta cerca de Machuca, Provincia El Loa. Foto: Maria Blender

Las ballenas suman alrededor de 90 especies, entre ellos los mamíferos más grandes del planeta. El animal más grande es la ballena azul, de unos 30 metros de largo. Es una ballena barbada que solo se alimenta de krill y peces pequeños. El cachalote es la ballena depredadora más grande del mundo. Mide unos 20 m de largo y es una ballena dentada. Atrapa enormes pulpos y calamares en profundidades que son difíciles de alcanzar para el hombre. Todas las ballenas barbadas y el cachalote están en peligro de extinción.

Ballena jorobada con ternero. Foto: Marcel Gierth cc-by-nc-nd 2.0

¿El peligro de extinción es entonces lo común? Si, pero no solo eso. La llareta y las ballenas no tienen enemigos naturales. Somos nosotros, los seres humanos, que los extinguimos casi por completo.

La yareta tiene la particularidad de un sobresaliente poder calorífico. Con su alto contenido de resina, la planta en estado seco produce más calor que el carbón lignito. El exterminio de esta planta milenaria empezó con la minería del salitre y culminó en Chuquicamata donde se llegó a quemar cada mes mil toneladas de este excelente combustible. Incluso reemplazó el carbón en las locomotoras de vapor.

Camión de yareta para combustible en Chuquicamata 1965

Por más de 200 años la caza de ballenas era una actividad económica importante en las costas de Chile, hasta que en 1983 fue cazada la última ballena. Las empresas extranjeras llegaron con barcos fábrica, mientras los chilenos optaron por algo más sencillo: salieron a cazar las ballenas y las arrastraron a las rampas en las playas donde estaban las fábricas balleneras esperando la valiosa carga. Se utilizó principalmente el aceite, pero también las barbas. En la planta de Quintay, se llegó a procesar entre 10 y 12 cachalotes o 5 a 6 ballenas cada ocho horas dejando el mar rojo de sangre. Chile apenas representó el 1% de las capturas mundiales.

El aceite se utilizó en todo el mundo como iluminante en lámparas y como cera de vela. El aceite más apreciado es el spermaceti ya que quema sin olor y sin humo. Es un aceite blanquecino que está presente en las grasas vascularizadas de todas las ballenas, pero especialmente en las cavidades del cráneo del cachalote (él que se llama “sperm whale” en inglés). Hasta el día de hoy en Chile la cera de vela se llama esperma refiriéndose al origen sangriento de la candela.

Faena de ballenas en la ballenera de Quintay 1953

La yareta y las ballenas cayeron víctimas del hambre de energía del ser humano, hasta que quedaron muy pocas de ellas. Las ballenas iluminaron los hogares mientras la llareta se consumió en cocinas, fundiciones y máquinas a vapor en el norte.

La llegada del petróleo no ha llevado al cese del exterminio de estas especies ricas en energía. Al contrario, la llegada de los barcos a vapor intensificó la caza cruel en los mares del sur y los camiones que reemplazaron las carretas aceleraron la recolección de la llareta. Se siguió quemando y quemando hasta que no quedaba prácticamente nada. Sólo entonces se electrificaron la iluminación y la minería.

¿Te imaginas el desierto alrededor de Calama verde moteado?

¿Te imaginas el Pacífico con colas y lomos de ballenas hasta el horizonte?

Son imagenes que no se registraron en fotografías y que no se volverá a ver nunca jamás.

La historia del uso de la energía no es gloriosa. Quizás por eso aún no está escrita.

 

 

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